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Experiencia
Karuna Formiguera, miembro del personal del ashram Gurudev Siddha Peeth
A lo largo de mis estancias en India, he tenido varias oportunidades de conocer en persona y ver crecer los proyectos de PRASAD Chikitsa en el valle de Tansa. Y siempre he quedado impresionada y admirada por los valores humanitarios de la organización, por su perseverante esfuerzo educativo y por su determinación por desarrollar comunidades auto-dependientes y auto-suficientes.
PRASAD es para mí la sonrisa de los niños al recibir el vaso de leche en la escuela - para muchos, el único alimento nutritivo del día- o su cara de orgullo y satisfacción al mostrar sus creaciones en los talleres de manualidades donde desarrollan los talentos artísticos y la creatividad; es la mirada de una adolescente embarazada y enferma de SIDA que encuentra apoyo y esperanza; es la gratitud de un anciano inválido después de ser atendido en el hospital que se ha trasladado hasta su remota aldea; es la seguridad y la confianza de una mujer que ahora sabe que puede valerse por sí misma.
Ya sea a través del proyecto de leche, del hospital móvil, del proyecto de lucha contra el SIDA o de los grupos de auto-ayuda, la labor de PRASAD va mucho más allá de mejorar las condiciones físicas del lugar. La labor de PRASAD es una lucha constante por aportar dignidad y valía a cada vida humana.
Para miles de personas en el valle de Tansa en condiciones de vida infrahumanas, PRASAD es esa mano que se extiende y a la que pueden agarrarse, esa voz que les dice “tú puedes” y ese guía que les enseña a valerse por sí mismos como individuos y como comunidad.
PRASAD es la expresión más tangible de la compasión en acción.
Karuna Formiguera
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